Destiñéndo al compás de la lluvia.

viernes, 20 de enero de 2012

Necrológicas adúlteras.

"Como a un mar dulce, como a un ocaso en verano, así te amaba" solía decir, a medida que una cuerda ataba.
Ésta colgaba entre un par de vigas y su culpa premeditada, un grito de dolor se desprendía en cada susurro del viento.
Se acabaron los pañuelos, y ella hacía saltos de agua salada mientras danzaba alrededor de un cadáver.
Su cara era irreconocible entre tanto pánico y terror, los cuales trataban de ser apaciguados por las orquídeas a su alrededor.
Se veían cenizas que corrían entre ellos, y de vez en cuando algún poema de amor sobrevolaba y se estampaba sobre su cara.
"Hombre mío, mi hombre, ante tanto sudor que compartiste entre ligas y polleras, aún recuerdo tu sonrisa" gritaba al aire, y el nudo era cada vez más fuerte.
Sus penas y rencores la ayudaban a correr un banco bajo la sombra de las vigas.
Tus lágrimas diburaján su rostro, su sed se habrá templado en cuanto tu pobre mente corrompida no puede vivir sin él.
Lloren juntos el final del atardecer. Ahoguen sus penas en un amor pasajero.
Que el amor para siempre fue creado por Shakespeare y aniquilado junto al mismo Hamlet.
Quisiste un final épico, pero cada amor escribe sus propias páginas, y ante tanta azúcar, la sangre no ha de resaltar.