Destiñéndo al compás de la lluvia.

martes, 14 de agosto de 2012

Térreo.

Un botón, sólo un botón.
Quedó sorprendido al ver un botón en el medio del asiento, de igual manera se sentó, mientras las alondras hacían ruido desde afuera.
2012, quién iba a decir que en agosto de 2012 iban a hacer más de 20 grados. Pues era un día aceptable para disfrutar, para dormir, para repasar.
Y así como cada persona tiene su costumbre o mambo con la vida, Leon tenía el suyo con repasar.
Ante cada momento oscuro, triste, onda gisáceo, Leon repasaba. A veces recurría a su pensamiento de cómo el mundo funciona cual mecanismo. Entonces analizaba estadísticamente cada situación. Y decía, si yo he pasado el día de esta forma, no puedo esperar que mejore. Ante cada situación, dibujé una sonrisa curiosamente honesta. Tengo música en el ipod, hace años que no tenía música en un micro por miedo a los asaltos, entonces también estaba contento. Observé tantas cosas, casi como si el tiempo no pasara. Como vestimentas, lenguajes, etc. Las personas en el micro son todo un sistema. Si no poseés la ropa correcta para el momento del día, estás rompiendo el sistema. Las miradas van de aquí hasta donde el ojo soporta, cada persona analiza color de vestimenta de la otra y saca sus conclusiones. Ella es secretaria, a esa mujer se le rompió el auto y no saber pagar el micro, etc. Entonces recordás, tenés por primera vez un llavero, tu llave no poseía nada más que una cinta que te regalaron, hace tiempo, de pasada. Ningún significado. Ves contento el llavero y lo colocas en la llave, otra vez sonríes. Es que el tiempo no pasa y yo sigo pensando. Que feo sería que me asalten, o que me violen. Que feo sería morir. Entonces un luz de anticuada presencia se iluminó en mi cabeza. ¿Y si repaso que me falta por vivir?
Entonces comienzo.
He tenido una vida de libertinaje. Ha sido el infierno en matices y saturaciones. He sido feliz en todo aspecto y poseo un orgullo admirable. Ansío conocer más, debe ser eso el acelerador de endorfinas en mi sangre. O de última, será el hecho de no poder tenerlo más. Leon, fallaste al analizar. Si todo va bien, y no se ha hecho nada bueno, algo debe andar mal. Pero por supuesto, quedan minutos de vida y has analizado todo. ¿Será eso de lo que hablan acerca del pantallazo de la vida antes de la muerte? Y todo va perfecto, la próxima parada toca el timbre y es momento de salir a la vida, al sol, en tu mundo grisáceo. Soy un matiz en tierra, y quiero engañar al ambiente. A veces quisiera ser un animal y camuflarme con toda cuestión, así el mundo sería más llevadero. Invisible, obsoleto, un foco y un ojo, es todo lo que pido. El camino se vuelve turbulento, y yo imagino la situación. Mis neuronas están cien por ciento desactivadas y alarmas en mi cabeza suenan de "la muerte está cerca". Un camión sin frenos, un tiro sin intención, uno con intención. Un choque de micros, un asteroide, una caída. Un golpe, una fallo, una tristeza. La verdad es que el mundo ofrece alta gama en recursos para morirse, de modo que tenemos control. Si queremos morir, podemos hacerlo cuando queramos. Si podemos vivir, ya no. Eso está pautado, las necrológicas siempre van a decir nuestro nombre, sólo falta un sabio que las escriba. Entonces por qué no morir? Por qué no ser los matices alucinados los últimos en ver? Por qué habría de volver al problema cotidiano? Por qué? Ves el llavero que te regalaron, son señales de estar llegando a casa. Bueno, puede ser que me maten en la puerta de mi casa. ¡Cuánto drama! y eso que es de día y hay tierra en el aire. Pocos segundos después, una presencia aparece en el radar. Ese radar imaginario que muchos tenemos cual sentido arácnido, y el cuál podemos activarlo cuando hay amenaza cerca, es casi como si el límite de la vida no fuera parte de la vida. Es leer un libro de 400 hojas y abandonar en la 398. Ingresa al cálido y reconfortante ambiente que de memoria conoce, disputa el quehacer de la tarde. Las cosas están bien, puedo respirar, siento alegría por los poros. Dos horas después, estoy acostado, recordando mi repase, escuchando música hasta que mi oído medio quede paralizado y anule mis neuronas para poder disfrutar una siesta. Dos golpes, preocupaciones. Hay que abrir la puerta. Morir de la curiosidad, que anhelo, que misterio. Es como si tu película se acabara pero dejara al espectador con la duda, con una parte dos. Abres la puerta, un leve soplido invade tu frente, pero ni una presencia. Medio minuto después, el micro hace ruído, estás bajando. Y todo va perfecto, la próxima parada toca el timbre y es momento de salir a la vida, al sol, en tu mundo grisáceo. Soy un matiz en tierra, y quiero engañar al ambiente. A veces quisiera ser un animal y camuflarme con toda cuestión, así el mundo sería más llevadero. Invisible, obsoleto, un foco y un ojo, es todo lo que pido. Ahí es cuando el reloj para, la fantasía de descubrir lo que va a suceder es tan insoportable que el mismo segundo de gloria es irrepetible. Y si puede ser, en verdad, irrepetible, pero ser a la vez lo último que mi cabeza redacta. Micro a 40 kilómetros por hora, frenando. Un chirrido del abrir de la puerta. Un arroje al vacío. Y negro, y negro, y negro.Un camión sin frenos, un tiro sin intención, uno con intención. Un choque de micros, un asteroide, una caída. Un golpe, una fallo, una tristeza. Un camión sin frenos, un tiro sin intención, uno con intención. Un choque de micros, un asteroide, una caída. Un golpe, una fallo, una tristeza.  Y así sucesivamente.