
Rutina práctica y esperable es la que hoy me acompaña. Ya ni el canto del pájaro desubicado de las 6 de la mañana es el mismo, porque hasta él ha decidido cambiar de rumbos, seguramente esta teniendo sexo el muy envidiado. Este acostumbramiento a lo común y aburrido me ha hecho desistir en la búsqueda de caminos con bifurcaciones completamente diferentes unas con otras.
Todo ese asombroso paisaje con flores y espinas se ha vuelto un triste desierto con cactus sin flores, con crepúsculos serenos que no expresan ese sentimiento gótico que dota de adrenalina y de ganas de alcoholizarse. Es un simple día normal, en el que hasta las desgracias podrían hacerte sentir vivo, pero no aparecen y el mismo café de todas las mañanas, los mismos horarios de siestas e interacción con pares aburren de la más extrema y repugnante forma. Claro, no hay amor, no hay odio, no hay charla y debate con amigos, no hay discusión. Podría decirse que es un día vacío el de hoy. El revólver de la ruleta rusa no tiene una puta bala, el póker por "diversión" sin apuestas -como si fuese póker-, las sabanas apestan a soledad y el sol se ríe en tu cara porque sabe que mientras vos duermas solo, hay una muchedumbre compitiendo por quien llega al orgasmo más complaciente. Un día olvidable.