Todavía no sé.
Hay un pequeño rastro de lagrimas a medio camino de mis huellas.
Y yo todavía no sé.
Nilos recorren mi iris esperando, no sé, escuchar desde tan lejos tu canción.
Y no hay café que me despierte de este infierno.
Pero aún siento tus manos en mis hombros, aún puedo sentir sentir tus dedos.
La ley de la atracción nos falló una vez más, somos tan iguales, casi reflejos, casi espejos.
Y esta infinita tormenta de arena, que arrastra sentimientos, que seca todo. Estas llagas no duelen nada, comparado al eterno silencio de tu parte.
E invento un mundo alrededor de tu sonrisa.
En el que vivo, en el que muero.
En el que no siento el puñado de arena que sueltas sobre mi ataúd.
No juguemos más a escondernos, no fuimos hechos para estar lejos.
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