Destiñéndo al compás de la lluvia.

miércoles, 27 de junio de 2012

Surrender.

Mis manos tan altas, ante tanto cielo imagino, porque al final mi presencia se ha vuelto un estorbo, y en el único lugar donde mi individualidad es apreciada es en mi cabeza. No a todos se nos permite el sueño, no a todos el anhelo. Y es que mis manos no están al aire, libres, sino que son las únicas que no me permiten caer en picada, y el cielo que tanta paz me brinda, se ve opacado por una gran columna, de la cual me sostengo, con la cual milenios he pasado, viendo todo a mi alrededor caer, viendo fuertes volar, sin poder pagar mis alas.

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