Destiñéndo al compás de la lluvia.
sábado, 12 de febrero de 2011
My tears dry on their own.
Un ente tan perfecto, sublime diría, el que siento hoy a mi lado. No puedo tocarlo, ni sentirlo, no posee existencia propia, un maravilloso producto de mi imaginación. Falto de rasgos, de sexo, de sentidos, sin embargo tan peculiar. Un anhelo, una deuda de la vida, una promesa del destino. Me llena en todo aspecto, no necesito de nadie, de nada. Me siento completo, aislado, tan alto que nadie puede verme. No tiene duración, dura lo que se necesita, y luego parte. Es sentir que se posee a alguien a tu lado, esa necesidad que muchos tienen, en una noche de soledad, de agonía eterna, en que el más mínimo ritmo lento puede desprendernos una lágrima, en que la más insignificante gota de lluvia que se posa, significa un maravilloso momento de 7 minutos de cancer, que nos saca esa ansiedad absurda que poseemos esperando nada. Ese es el momento, en que esta presencia se hace notar, que nos ayuda a sobrellevar el momento, que nos hace saber que no estamos solos. Por más amigos, familiares o mascotas que nos acompañen, ésta presencia es única, es indescriptible. No será Dios, no será un angel, ni alguien que desde el cielo nos cuida, pero hace que la angustia se vaya, que nos llenen esas certezas de sentirnos únicos. Ese ente que acompaña al suicida, convenciéndolo de que de nada sirve, forzándolo a soltar la cuchilla, soga o pastilla, y haciéndolo salir a bailar en la lluvia, riendo a carcajadas, sin cesar. Ya te fuiste, pero dejaste un halo de confianza a mi alrededor. Vuelve pronto, te estaré esperando cualquier siesta o noche, con un cenicero a mi lado, para compartir el momento ansiado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario