Las memorias están saladas. Pútridas. Ahora las escondo debajo de mi cama, y prendo fuego todo. Y es que eso provocás, y yo me tiro arriba. Todo se hace lumbre, todo arde, y espero que ese dolor se haga tan fuerte que no me permita pensar. Pero el dolor que causás es mayor que cualquier ceniza que mi piel haya dejado.
Ahora me da miedo la consecuencia de haberte dejado entrar. La mierda y el barro de tus zapatos están en mi alfombra; junto con los golpes abstractos que le tiraste al aire y cayeron en mi ego. Tiros y tiros de silencios; casquillos y casquillos, silencios.
Todo se volvió transparente, porque todos son transparentes. Mientras vos sos la única mancha oscura que resalta en mis ojos. Sos un lunar en el iris, un puñal al aire donde solía tener mi guarida.
Ahora me derrumbaste, un knock out que hasta una mariposa puede lograr, porque débil me dejaste y de las mil veces que me tiré frente tuyo para ser un obstáculo en tu huida, no me viste ni una, no me oíste gritar, no te quemaron mis brasas, no te ahogó el lago salado en que planté tus palabras, tus inciensos, tu aroma que aún debilita, todavía se siente acá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario