El sol se fue, junto con la cordura, a cantarle en otras costas.
Yo me recuesto en las estrellas, me abanico con tus puñales.
Contando las historias más desesperadas, y haciendo el amor con tintas y hojas.
Azucenas ante mis ojos, se mueven al compás de las noches de clásicos y básicos a capella.
Nos disfrazamos, nos desvestimos.
Y tus dardos me dejan inmóvil, me paralizan y me hacen débil.
Tus hiedras se sienten, tu presencia no; pero acá estás mientras con él danzás, pensando en mí. En nosotros.
Mi sentimiento es una hipérbole a tus palabras, pero no puedo. No puedo, no debo, tus labios saben a acacias; apestan.
Siento tu voz dedicando melodías, siento tu voz en mis céspedes y, emergiendo, me obsesiónas cada vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario