Destiñéndo al compás de la lluvia.

martes, 28 de febrero de 2012

Ghosthunter.

Un litro de café, veinte cigarrillos, una serie de objetivos basados en el olvido.
El primer cigarrillo me habla de vos, mi primer espectro. Tu seudónimo será libido maligno. El mismo aparece cual tira de imágenes formato mosaico en mi cabeza. Muy complaciente, casi sublime, por algún motivo sonrío sosteniendo mi cabeza al hablar de él. Un espejismo dibuja su rostro frente a mí, su cuerpo está nublado pero noto ligereza de ropa y una posición cómoda dejando a la imaginación sus atributos. Libido inclina su cabeza apoyando con delicadeza y fervor sus labios contra los míos. Libido habla de mi como un lujo, de esos que se dan un domingo lluvioso. Esconde su correa en su pantalón, el cual no tardó ni cinco minutos en tirar a mis pies en cuanto entré a su habitación. De naturaleza calmada, tierna y protectora; trato de resaltar sus defectos para no dejarme consumir por la nostalgia, pero todos son dejados de lado por su tanta e infinita energía sexual. Toma entre sus manos mi cintura y un sinfín de universos pasan por mi cabeza. Me empuja hacía el con intenciones de jugar a lo prohibido, de desgastar libertinaje. Acertando sus palabras, comienza la diversión. Los silencios de suspiros y vapores son tan pulcros y a su vez la foto de su dueño en la repisa de enfrente hace a mi conciencia reír a carcajadas. Sus dedos entre los míos vuelven a mi cabeza haciendo escapar un gesto de alegría mezclado con pudor. Tres suspiros de placer, una serie de abrazos nocturnos, un café de madrugada y una despedida silenciosa. Vuelta a la realidad, un espectro más, una anécdota a mis libros redactados en mi mente. Medio litro de café queda, 12 cigarrillos posan.

Una segunda ronda que comienza con un séptimo cigarrillo. Éste tiene una presencia nebulosa, y será apodado Philip. Philip Morris. Cuya historia comienza así.
Un placer a la vista, las rosas lo envidian. Delicadez, humor, dulzura. Y no alcanza, falta el factor X. El factor XXX, para ser más explícito. Philip me posee, me sonríe, me muestra, me agota. Philip no dura ni dos cigarrillos, será porque lo tengo, y esa obsesión por lo difícil y lo complicado se ha vuelto mi obsesión. Él nunca sería mi obsesión. Negaciones abrumantes llenan mi cabeza y me predispongo a enterrarlo, a disecarlo, y usarlo de dispersión. No merece un gasto de café.

Tercero, vencido, acorralado. Contando un noveno cigarrillo. El mismo relata otro secreto, un poco más pútrido, un poco más atiborrado. Saturado diría. Perfección breve.
El mismo es un popurrí de orgasmos y hace que por mis venas corra lujuria. Bajo sus efectos soy brisa, soy desierto. Titilan mis sienes al pensar en él. Un cosquilleo recorre mis omóplatos hasta mis clavículas. Cierro los ojos despacio pero exorbitantemente. Perfección me encierra, me aflije, me acorrala entre sábanas, saca mi respiración y absorbe todo de mí. Desquiciado, encantado, loco y raquítico. Lo anhelo, lo dibujo en humo, lo palmeo y lo desdibujo. El tabaco no alcanza. Entró a mi cabeza y tuvimos una sesión en la mesa de la cocina. Perfección se fue, dejó un vacío de nostalgia. Se llevó un cigarrillo, y dejó sus harapos, así tiene una excusa para traer de nuevo el paraíso a mis ojos.  

martes, 21 de febrero de 2012

De sofoco y brillantina.

Desapareces suavemente entre las luces de la noche y no puedo llamarte. Miras desde la sombra, y tus ojos envían cariño desmedido en pequeñas cuotas, esperando una mirada en retorno; y el iluso romanticismo que hemos creado invade nuestros orgullos y no nos deja arrancarnos los labios bajo los efectos de la drogadicción que nos produce el menjunje de néctares que en nuestras lenguas perduran. Si no puedo cerrar los ojos al tocarte, es por la inmensidad de tu iris que atraviesa cual flechas cada sentimiento de inseguridad que en el momento me agobian. Y ver tu sonrisa mirando desde rincones, con ánimos de acercamiento pero ilustrada y alimentada cobardía nos aleja cada día más, nos consume, nos hace gritar en silencio y despertar en la realidad esperando que el suicidio nos lleve de vuelta al sugestivo poema que escribimos con yemas y huellas. Sé que tengo que decirte adiós, pero la auto hipocresía que terminé desarrollando no me permite alejarme en soledad, no me permite poder recitarte unos últimos versos narrando la tragicomedia de la que hemos naufragado. Dibujemos figuras por última vez con las sombras de nuestras manos entrecruzadas, hagamos el amor sin amor y recordemos cómo era pintar sonrisas en nuestra cara al despedirnos de cada pétalo de este romance tan pulcro e imaginario que intentamos conservar y por más lágrimas que caigan, no podemos. Porque el cristal que nos envuelve es tan frágil que la más mínima brisa convertiría el más hermoso diamante en carbón, convertiría a Neruda en Quiroga; arrastraría a Alfonsina a la costa dejando sin musa a los poetas desposeídos, causaría suicidios masivos, causaría sofoco en mi vientre. Me cansé de jugar, me enamoré de nosotros, pero nunca de vos.

lunes, 13 de febrero de 2012

Conejo blanco.

Alcanzó a correr tan lejos, bajo la sombra de un ejército inventado.
Era necesario, era inevitable, que bajo el sol cayeras, y dejaras evaporar todo lo que te hace vivir por él.
Sus manos te alcanzan. Te tocan, te desarman.
Escaparse es alejarte de sus ojos, pero la lujuria te consume. El deseo te agota.
En tu mente gritás su nombre, en tu mente eres polvo.
Necesitás sus manos, su respiración recorriendo tu pelo, sus dulces y un tanto fríos labios.
Está ocupado, está ocupado.
Convertís en presentes algunas tragedias que te saquen lo miserable.
Y lees sobre Bolena, mientras Hamlet y Macbeth esperan sentados.
Pero nada lo saca, nada lo degrada, sus ojos siguen en tu frente, tan brillantes como cada vez.
Podés tomar su mano, acariciar su piel, endulzar su oído.
Pero entre las mil orquídeas que en este momento lastiman tu mente, es la más brillante, es la más distante, es la más trillada, la más inolvidable.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Fatiga.

Arrastras cadenas en tu andar,
con mil imágenes de pasados que te hacen tiritar;
Imaginas el viento de un suspiro en tu paladar,
e imaginas cuándo te volverá a besar, cuándo te volverá a amar.

Simulando brisas de invierno,
caminamos de la mano, nos envidia lo eterno;
y bambalinas vuelan a nuestro paso,
con muecas de alegría, escondiendo el fracaso.

Cantamos sin hablar,
bailamos sin danzar;
nuestras costillas se cruzan, nuestras miradas también;
pero lágrimas caen, escondiéndose en tu sien.

Y hacemos espectáculos,
de pétalos, de siluetas;
pero hay tantos obstáculos,
nos rendimos a metros de la meta.

sábado, 4 de febrero de 2012

Hope.

Camina sobre mis pupilas, cada paso como agujas.
Se amarra a mi cintura, juega con mi vida.
Pasa sus uñas por hombros, respira en mi nuca atravesándola.
Dibuja constelaciones en mi mirada, aniquila todo alrededor.
Jugamos a tus juegos, qué más puedo perder?
Miramos el cielo. Miramos el humo saliendo de nuestros labios.
Perfumamos de olor a deseo la habitación.
Desapareces en la esquina, tus cigarrillos están húmedos. Tu mente también.
Creamos un santo sudario entre sábanas y cenizas.

jueves, 2 de febrero de 2012

Huellas.

Me enseñaste a volar entre estambres.
Hiciste al amanecer acariciar mi cara, hiciste de tus pupilas un elixir adictivo.
Quiero tus soles, quiero tus matices, quiero tus colores.
Muerdo el fuego, muerdo el agua.
Grito entre sombras, callo entre sábanas.
Llego a la cima y caigo al abismo. Compro un orgasmo ahogándome en el Nilo.
Tu adiós fue un ramo de flores.
Una orquídea por el primer día, un lirio por la metamorfósis, una rosa por nuestros labios descansando juntos.
Escondiste pétalos en nuestro andar, tu marcas la flor del final.