Sin fotos, ni recuerdos, porque en escarcha grisácea se fundieron, y con ésta pinté mi camino al fin.
Así es que me siento, y veo pasar pájaros y otoños, entre andén y andén.
A las cinco y cinco te olvido, a las y ocho te recuerdo.
Las nubes te dibujan desnudo, el vapor te viste, el cielo te resalta.
Veo mis huellas en la nieve, y hago ruido con mi paraguas, porque el tren aún no llega, y yo estoy cediendo a mis lágrimas.
Me siento observado, por tus escondidos ojos en cada copo de nieve. Y ésta me cubre, pero el frío es interior.
Cada edificio es gris, cada casa es lúgubre. Y nos imagino pintando cada una con nuestro ir y venir de pinturas rupestres entre soles de invierno, entre nubes de verano.
Son las cinco y diez, el tren ilumina mi cara. Yo corro al andén, pero el tren no llega, y yo sigo avanzando.
Ha sido decisión de cupido, que el amor ya sufrido, no sirve otra vez. Y el tren arrolla mis penas, el tren arrolla mi ser.

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