Destiñéndo al compás de la lluvia.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Alas trascendentes.


Tu mano en mis vértebras no deberían sentirse bien, más aún cuando, arrastrado, me llevas a tus aposentos. Tus sábanas no deberían sentirse bien, pero cobran vida y me envuelven hasta quitarme la respiración. Procuran dejar mis mejores puntos al aire, procuran dejarme inmóvil. Esperarte debería sentirse mal, pero la ansiedad me supera y me llena de dicha. Me miras, me retuerces, tras el reflejo de tus puertas cristalinas. Tus pasos hacen las paredes aplaudir, tu estética cual narciso me hace bien, tus encantos me dejan perplejo. Me vuelvo hojas, me vuelvo algodón. Estoy débil, liviano. Indefenso. Tus pulcras manos me envuelven, dejando de lado las sábanas. Tus labios toman un color indescriptible, transpiras deseo en estas invisibles y cada vez más húmedas sábanas. El cosquilleo me relaja, es el valium más placentero. Luego de dejar caminos transparentes a lo largo de mi ser, mis mejillas recorren los matices de la decoración de tu cuarto, como si todo estuviera predispuesto para este momento. Dejamos atrás clavículas, despedimos paños menores, nos evaporamos. Todo se vuelve bruma, todo se vuelve abstracto. Creo que mi ebriedad ya fue apaciguada, pero ahora no es el alcohol el que importa. Olvidamos lo prohibido, lo mundano, lo banal. Nos volvemos bizarros, clichés placenteros. Nos volvemos aire.

Tu cigarrillo se consumió, llevándome también.

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