Una antítesis a lo mundano;
Una sonrisa de distancia entre lo banal y lo divino.
Mil manos cual enredaderas;
convirtiendo las lagunas de Narciso en venenos que sólo funcionan en mí.
Porque ya perdido lo perdido, no se encuentra en un suspiro;
porque el ocaso ya llegó, y hay tan largo trecho de aquí al alba. Y no llegaré.
Una noche sin estrellas, yazco en un puñado de arena sin mar,
me envuelve junto a mis penurias hasta hacerme tiritar.
Bufones nocturnos ríen y ríen, sabiendo mi destino, el nuestro.
Pero no hay pájaros cantores en la oscuridad;
no hay mitos que inventar, no hay melodías por danzar.
La noche me quema, evapora mis lagrimales;
y los zumbidos de tu presencia me han abandonado sin consultar.
Un último acto, y el telón he de cerrar;
el sol ve mi perecer, y entre la nada, tu danzas, sin titubear.

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