Destiñéndo al compás de la lluvia.

viernes, 21 de octubre de 2011

Yacer.


Una antítesis a lo mundano;
Una sonrisa de distancia entre lo banal y lo divino.

Mil manos cual enredaderas;
convirtiendo las lagunas de Narciso en venenos que sólo funcionan en mí.

Porque ya perdido lo perdido, no se encuentra en un suspiro;
porque el ocaso ya llegó, y hay tan largo trecho de aquí al alba. Y no llegaré.

Una noche sin estrellas, yazco en un puñado de arena sin mar,
me envuelve junto a mis penurias hasta hacerme tiritar.

Bufones nocturnos ríen y ríen, sabiendo mi destino, el nuestro.

Pero no hay pájaros cantores en la oscuridad;
no hay mitos que inventar, no hay melodías por danzar.

La noche me quema, evapora mis lagrimales;
y los zumbidos de tu presencia me han abandonado sin consultar.

Un último acto, y el telón he de cerrar;
el sol ve mi perecer, y entre la nada, tu danzas, sin titubear.

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